miércoles, 12 de mayo de 2010

ERAMOS LOS ELEGIDOS DEL SOL/ VICENTE HUIDOBRO

Éramos los elegidos del sol
Y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
Y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
El agua nos amaba
La tierra nos amaba
Las selvas eran nuestras
El éxtasis era nuestro espacio propio
Tu mirada era el universo frente a frente
Tu belleza era el sonido del amanecer
La primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
Una muerte antes de tiempo
El alma que no sabe en qué sitio se encuentra
El invierno en los huesos sin un relámpago
Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de tinieblas
En su trono de águila herida de infinito








domingo, 25 de abril de 2010

SURREALISMO CHECO EN MUSEO DE LA GRÁFICA DE CHILLÁN



Una muestra de la relevancia del surrealismo en Europa es el trabajo del Grupo Stir Up de la República Checa, el cual se podrá ver desde mañana en el Museo Internacional de la Gráfica en Chillán

La muestra se enmarca en el proyecto, "El Umbral Secreto", Encuentro Internacional de Surrealismo Actual y permitirá conocer obras en distintos formatos de este grupo que actualmente expone en diversos países del viejo continente.

Los artistas que participan en la muestra son herederos directos de los precursores checons que trabajaron con figuras de la talla de André Bretón, considerado el ideólogo del movimiento que se hiciera mundialmente conocido por nombres como Salvador Dalí, René Magritte o Giorgio di Chirico, entre muchos otros.

En este caso se puede apreciar lo que ha sido un distintivo de la corriente checa, su fuerte contenido social y político, puesto que sus pintores y teóricos fueron perseguidos tanto por los nazis como por los comunistas.

Entre sus artistas más célebres están Jindrich Štýrský (1899-1942) y Toyen (1902-1980). Además de la temática onírica, el primero trata tópicos como el erotismo, la imaginación agresiva y el humor negro; mientras que la segunda consiguió expresar la irracionalidad y lo absurdo de la guerra.

Fuente: Diario El sur, Domingo 26 de abril del 2010

domingo, 11 de abril de 2010

MUSEO RECIEN PINTADO EN LA GALERIA ARTESONADO SEGOVIA

Desde hace siglos la pintura es un tema de la pintura. Miguel Ángel se inspiraba en Masaccio, Rubens en Tiziano y Manet en Velázquez, entre otros muchos ejemplos. En el siglo XX algunos cuadros en concreto han proyectado una auténtica estela de recreaciones: Las Meninas la han dejado en Picasso y Manolo Valdés, el Desnudo bajando una escalera en Alcolea y Arroyo. La exposición que presenta la Galería arteSonado es un nuevo episodio de este fenómeno, que tiene, eso sí, la particularidad de establecer puentes entre tiempos particularmente distantes.
Y también, desde luego, entre artistas que como el portugués Rui Macedo (1975) y la brasileña Anasor ed Searom (1976) son prácticamente inéditos en España y a los que la galería arteSonado ha reunido en torno a un proyecto que revisita la pintura de algunos de los grandes maestros, y cuyo resultado no es ni más ni menos que este Museo recién pintado.

Rui Macedo (Évora, Portugal ,1975) recrea en esta exposición que él mismo denomina Interlink, cuadros de los pintores flamencos Joachim Patinir (1480-1524) y Hans Bol (1534-1593), y del holandés Jan Both (1610-1652). Todos ellos son nombres claves en la construcción del paisaje pictórico, un tema que aborda Rui Macedo prestando atención especial al color y a los detalles. Es más, prestándoles toda su atención, toda vez que las figuras humanas han sido cuidadosamente eliminadas de la escena. Esa pintura que reflexiona sobre la pintura alcanza el clímax en los cuadros que, como pasara ya en el siglo XVI, recrean incluso el marco, en un trampantojo que borra las fronteras entre realidad y representación.
Anasor ed Searom (Sâo Paulo, Brasil, 1976), por su parte, trabaja sobre cuadros de Rubens. Pero en el caso de esta pintora el procedimiento es muy distinto: lo que prefiere es la figura, una figura femenina que extrae de su contexto original y a la que otorga una nueva –y tortuosa-biografía. También es distinto el cromatismo, en este caso reducido a una gama carnal, de rosas, oros y arenas. Las figuras, además, están enhebradas y suturadas con una cinta, que las proporciona movimiento y dramatismo. El resultado es por tanto muy distinto: plácida serenidad en el caso de Macedo y dinamismo melodramático en el de Anasor. Quizá es la diferencia entre un mundo que es pura naturaleza y un mundo en el que el hombre –la mujer, en este caso- introduce la Historia. Y con ella el movimiento, el sentimiento y la fatalidad.
Museo recién pintado reúne a dos artistas de la misma generación, cuyas trayectorias personales, centradas desde hace tiempo en la revisión de la pintura de antiguos maestros, no habían coincidido hasta este proyecto de arteSonado, que señala la dimensión del Museo “como musa”, un rasgo característico del arte de nuestro tiempo.
Con motivo de la exposición, comisariada por José María Parreño, se ha editado un pequeño catálogo que cuenta con textos escritos para la ocasión por los artistas, junto con un breve pero esclarecedor ensayo de Miguel Ángel García Hernández, profesor de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, acerca de cómo la mirada del pintor de hoy devuelve la vida a las antiguas pinturas.
www.galeriartesonado.es
galería arteSonadocalle del Rey, 940100 La Granja de San Ildefonso(Segovia) Españatel +34 921 47 12 77móvil +34 629 81 22 91
claudiaschaefer@galeriartesonado.es

Rui Macedo (Évora, Portugal, 1975)
Licenciado em pintura pela Faculdade de Belas Artes da Universidade de Lisboa em 1999.
Pós-graduação em pintura pela Faculdade de Belas Artes da Universidade de Lisboa em 2006.
Frequenta o Mestrado de Pintura na Faculdade de Belas Artes da Universidade de Lisboa.
Bolsa de apoio às Artes Plásticas – Pintura, atribuída pela Direcção Regional da Cultura do Alentejo/Ministério da Cultura em 2007.
Exposições Individuais
2010 Museo recién pintado – Interlink. Galeria ArteSonado. La Granja
de San Ildefonso. Segovia. Espanha.
Puzzle this – Fundação D. Luís I, Cascais.
2009 Imaginni Speculare – Galeria Reflexus Arte Contemporânea. Porto
(A)TOPOS – Galeria Gomes Alves. Guimarães.
Conditioned Nature – Galeria Pedro Torres. Logroño. Espanha.
2008 «… e desviou o sofá para um canto.» - Projecto individual Arte
Lisboa (comissário Paco Barragán). Lisboa.
«Invenzioni Capricciose» Segundo Piranesi – Fundação D.
Luís I. Cascais.
ConTemplar – A Moldura como limite – Galeria Paços do
Concelho. Torres Vedras.
Inventario de Similitudes – SPO. Lisboa.
2007 « In Advance of » – Galeria Art Form. Estoril.
Spectabilis – Galeria Vértice. Oviedo. Espanha.
«Le Récit Spéculaire» (integrada na exp. itinerante Jovens Artistas Alentejo)
- Centro de Artes de Sines. Sines.
- Fundação António Prates. Ponte de Sôr.
- Palácio D. Manuel. Évora.
- Palácio Galveias. Lisboa.
- Sala Europa. Badajoz.
Reverberação Pictórica – Galeria Évora Arte. Évora.
2004 Paisagens 2004 – Galeria Évora-Arte. Évora.
Quarto Azul – Galeria Ara. Lisboa.
Landscapes – Galeria Vértice. Oviedo. Espanha.
2002 EU – Galeria Ara. Lisboa.
Pintura – Galeria Évora-Arte. Évora.
2000 (S)he - Galeria Ara. Lisboa.
1995 Ideografismos – Palácio do Vimioso. Évora.

Exposições colectivas
2010 Paisagem in loco – Ema M, Rodrigo Bettencourt da Câmara, Rui
Macedo e Teresa Palma Rodrigues.
Centro Cultural Emmérico Nunes. Sines.
2009 Panorama del porvenir – Galeria ArteSonado. La Granja de San
Ildefonso. Segovia. Espanha.
Centro Cultural Castel Ruiz. Tudela. Espanha.
2008 Pretérito Perfeito – José Batista Marques e Rui Macedo. Museu de
Francisco Tavares Proença Júnior. Castelo Branco.
2007 Galeria Vértice. Oviedo. Espanha.
4ª Bienal Internacional de Gravura de Alijó. Alijó.
2006 Grandes Formatos – Galeria Carlos Carvalho Arte
Contemporânea. Lisboa.
2005 Desenho – Jorge Lancinha, Ricardo Angélico e Rui Macedo.
Galeria Ara. Lisboa.
2004 3.27 - Galeria Ara. Lisboa.
Projecto art cup - Galeria Quadrum. Lisboa.
2003 [MAAPA] meu Mundo (c/José Batista Marques) – Sé Catedral de
Idanha-a-Velha e Centro Cultural Raiano, Idanha-a-Nova.
2002 Novas aquisições – Colecção C.G.D. (Caixa Geral de Depósitos) –
Culturgest. Lisboa.
2001 Cadavre Exquis (c/ Ema m e José Batista Marques) – Galeria Municipal
de Montemor-o-Novo. Montemor-o-Novo.
3.27 - Galeria Ara. Lisboa.
2000 Galeria Trem (c/ José Lourenço e Manuel Caeiro). Faro.
1998 3.27 - Galeria Ara. Lisboa.
Galeria Évora Arte (c/ Manuel Caeiro). Évora.
1997 Cisterna da Faculdade de Belas Artes da Universidade de Lisboa
(c/ Jorge Lancinha, José Lourenço e José Batista Marques). Lisboa.
Treze artistas portugueses contemporâneos no Oriente –
Galeria do Fórum. Macau.
1996 Galeria Municipal Gymnásio (c/ Alexandra Grave). Lisboa.
Galeria Municipal de Évora (c/ Jorge Lancinha). Évora.
Galeria Municipal de Montemor-o-Novo (c/ Jorge Lancinha).
Montemor-o-Novo.
Galeria Évora-Arte. Évora.
Treze artistas portugueses contemporâneos no Oriente :
- Museu municipal de Sakai e Museu Shoto. Tóquio, Japão.
- Galeria do Sejong Cultural Center. Coreia do Sul.
1994 Colectiva de Artes Plásticas (c/ Jorge Lancinha e Rui Horta Pereira) -
Paços do Concelho. Évora.

Prémios
2007 Prémio Jovens Artistas DRCA/Ministério da Cultura. Évora.
2005 Prémio Soares Branco. Mafra.
1995 Prémio Jaime Isidoro – Fundação Engº António de Almeida. Porto.
Colecções
Barclays Bank.
Caixa Geral de Depósitos – Culturgest.
Centro Cultural Castel Ruiz
Companhia de Seguros Fidelidade.
Fundação PLMJ.
Museu de Francisco Tavares Proença Júnior.
www.ruimacedo.com

Anasor ed Searom (São Paulo, Brasil, 1976)
Vive e trabalha em São Paulo.
2010 Museo recién pintado. Galeria ArteSonado. La Granja de San
Ildefonso. Segovia. Espanha.
Exposição coletiva Mujeres Surrealistas, Sala de Artes de la
Universidad de Santiago – Chile.
2009 Exposição individual Da Vinci das Crianças, Casa das Rosas,
São Paulo – Brasil.
Exposição coletiva Umbral Secreto – surrealismo actual,
Santiago – Chile.
Ilustração do livro Da Vinci das Crianças de José Arrabal,
Paulinas editora – Brasil.
Exposição individual Cometas Mitolóxicas, Museu Eugenio
Granell, Santiago de Compostela – Espanha.
Exposição individual Ecoaïn (Salva-te) – antropofagia entre os
índios brasileiros, Subprefeitura Sé, São Paulo – Brasil.
Exposição coletiva Iluminações Descontínuas – surrealismo
actual, Algarve – Portugal.
Exposição coletiva Museo Eugenio Granell, exposición El
surrealismo como fenómeno colectivo, Museu Eugenio
Granell, Santiago de Compostela – Espanha.
2008 Ilustração da revista Labios Menores, grupo surrealista
Derrame – Chile.
Exposição individual R, Itenuútdradesbame – Rembrandt
Series, Casa das Rosas, São Paulo – Brasil.
Exposição coletiva THE REVERSE OF THE LOOK – Surrealism
Today: An International Exhibition, Casa Municipal da Cultura
Galeria Pinho Diniz, Coimbra – Portugal.
2007 Exposição de aquarelas na Galeria Cité des Arts – França.
Exposição coletiva Sonambula por una Xenografia Onírica,
Museu Eugenio Granell, Santiago de Compostela – Espanha.
Ilustração da revista Lilith nº 9, Buenos Aires – Argentina.
2006 Ilustração da revista Derrame número 7, grupo surrealista
Derrame – Chile.
Participação do coletivo Sonâmbula (Surrealismo Latinoamericano).
Ilustração do jornal de poesia O Casulo – especial sobre poesia
latino americana, São Paulo – Brasil.
Exposição de pinturas na galeria virtual Impulse Art – Itália.
2005 Exibição de pinturas na revista eletrônica Magadzine, São
Paulo – Brasil.
Ilustração da revista eletrônica Decir Del Água – EUA.
2004 Exibição de pinturas na revista eletrônica de literatura e arte Zunái.
Exposição individual As faces de Lilith, São Paulo – Brasil.
Possui obras em coleções públicas e particulares em diversos
países (Brasil, Chile, Argentina, EUA, Canadá, França, Grécia, Itália,
Portugal, Espanha, Tailândia e Suécia).
http://anasoredsearom.googlepages.com



martes, 6 de abril de 2010

nuestra suerte: un nuevo teorema revolucionario



la revolución y la evolución


en un esquina del tablero el sol


el suicidio de PALABRAS


sortilegio que nadie entiende


para la noche que siente que siente

viernes, 2 de abril de 2010

SEMANA SANTA

PONGASE UNA MASCARILLA CONTRA EVENTUALES CONTAGIOS RELIGIOSOS

miércoles, 31 de marzo de 2010

FUNCIONES Y DISFUNCIONES DE LAS REVISTAS CULTURALES

A veces inalcanzables, por lo exclusivas o por lo efímeras, las revistas culturales han pretendido ocupar un lugar intermedio entre la prensa y la academia. Algunas han sido prestigiadas, otras olvidadas. Han existido en diversas áreas, incluyendo Hispanoamérica y Chile. Patricio Tapia Siempre atento a las consecuencias políticas de la literatura (y viceversa), Lionel Trilling, en un ensayo de 1946, "La función de la revista literaria", además de defender tales publicaciones de la acusación de elitismo, pensaba que eran una salida a la desconexión entre las ideas políticas y los usos de la imaginación. Cuarenta años después, la escritora Cynthia Ozick volvió al tema para constatar que si algo había cambiado respecto a esas revistas era su proliferación y el sentido de esa abundancia.

Algunas aclaraciones: el ensayo de Trilling, recogido en su libro La imaginación liberal , no hablaba de la función de la "revista literaria" (aunque así se tradujo), sino de la Little Magazine : se refería a las descendientes de las "pequeñas revistas" -pequeñas sólo en virtud de su circulación- de principios del siglo XX que abrieron el camino al modernismo literario (desde Joyce a Pound). Por su parte, el ensayo de Ozick, "Función de la pequeña editorial" (incluido en su libro Metáfora y memoria ), más que a las pequeñas editoriales se refiere a esas "pequeñas revistas", pues muchas de aquéllas son más bien éstas, con otro nombre. Constataba que si antes había veinte revistas con una única idea modernista, al momento de escribir había cientos, con otras inspiraciones; y que los tiempos habían cambiado, pues la "contracorriente" se había transformado en corriente principal y se había perdido el glamour de la bohemia y la marginalidad.

En lo que Trilling y Ozick coincidían era en que una función de la revista cultural era "mantener encendidos los nuevos talentos".Aunque la situación de las revistas culturales ha cambiado a estas alturas, muchas de las observaciones de Trilling y Ozick son pertinentes. Las revistas se han multiplicado aún más derivando a objetos y públicos muy precisos (sobre cine, música, diseño), pero también han aumentado las dedicadas a la crítica cultural en sentido amplio, que a veces bajo la categoría "pensamiento", cubren desde las artes plásticas y la filosofía a la literatura y la política. Ellas siguen siendo "semillero del genio" (Thomas Paine), donde generaciones de jóvenes han gastado sus energías para crear una revista que dejara una marca indeleble, aunque a poco andar ellos suelan desilusionarse ante la magra circulación y la general indiferencia que lleva a esas publicaciones a perecer.

Orígenes
Probablemente los orígenes de estas revistas se encuentren en el surgimiento de la "esfera pública" de intercambio de ideas (en cafés, clubes y la prensa diaria y periódica) durante la Ilustración: algunas publicaciones todavía sobreviven (como The Spectator y Revue des Deux Mondes, fundadas, respectivamente, en 1828 y 1829). Y su impronta se dejó sentir durante todo el siglo XX. Muchas de ellas fueron marcadas por la personalidad de sus editores famosos: desde Criterion (T. S. Eliot), Horizon (Conolly y Spender) o Nouvelle Revue Française (Gide o Paulhan) hasta Critique (Bataille), Les Temps Modernes (Sartre) o la reciente McSweeney's (Dave Eggers). Las hay tradicionales y más bien austeras en su diseño hasta las que se ponen de moda y tienen formatos novedosos. Podrían ubicarse en cada categoría revistas tan conocidas como New York Review of Books, Granta, Times Literary Supplement, Salmagundi, London Review of Books, N+1, The Believer o New Yorker.
En castellano
Tan sólo limitándose al siglo XX, las hay cruciales. En España, la Revista de Occidente, fundada por Ortega y Gasset en 1923, y que continúa publicándose, ejerció una labor fundamental en la difusión de la cultura europea. Pero las revistas culturales proliferaron con fuerza expansiva en España desde la década de 1980, contando con una asociación (ARCE), que incorpora 110 de ellas. Algunas tuvieron su momento, como Ajoblanco (dos etapas: 1974-1980 y 1987-1990) o la lujosa El Paseante (1985-1998). Otras desaparecieron por falta de recursos, como Lateral y una de las mejores, Archipiélago, que existió de 1988 a 2008. Sin embargo, subsisten algunas excelentes y que están circulando en Chile, como Revista de Libros (nacida en 1996): comentarios bibliográficos que van mucho más allá de lo puramente informativo. O la sofisticadísima Trama & texturas (iniciada en 2007), que gira en torno al libro, la lectura, la edición y los nuevos soportes de texto.
En Hispanoamérica, es de destacar la revista argentina Sur (1931-1992), fundada y dirigida por Victoria Ocampo, una publicación de vocación cosmopolita, con colaboradores inmejorables (por de pronto, Borges). Podrían mencionarse revistas cubanas (Orígenes), peruanas (Las moradas o Hueso Húmero), colombianas (Número y El Malpensante) o uruguayas (Marcha). En México existe una tradición: desde Contemporáneos o El hijo pródigo, ambas en la primera mitad del siglo XX, hasta las creadas por Octavio Paz: Plural (1971-1976) y Vuelta (1976-1998) y su heredera Letras Libres, dirigida por Enrique Krauze. Existe, por cierto, un "Censo de revistas culturales iberoamericanas", que recoge información sobre más de 500 de ellas en la región.
En Chile
En nuestro país tampoco han faltado. Limitándonos nuevamente al siglo XX, es posible mencionar Pro-arte (1948-1956), dirigida por Enrique Bello y en la que escribieron Eduardo Anguita y Luis Oyarzún, y donde hicieron sus primeras colaboraciones entonces jovencísimos escritores luego destacados. Y más adelante, Árbol de Letras (1967-1969), dirigida por Antonio Avaria; Orfeo (1963-1968), dirigida por Jorge Teillier y Jorge Vélez; Cormorán (1969-1970), dirigida por Enrique Lihn. Más recientemente, una serie de revistas, algunas vigentes, otras desaparecidas o de periodicidad desconocida: Rayentrú, Calabaza del diablo, Matadero, Vértebra, Derrame, Francachela, Grifo, Contrafuerte, 2010, o La Calle Passy 061, por mencionar algunas. Otras simplemente desaparecieron, como Rocinante (dirigida por Faride Zerán) o Revista de Crítica Cultural (dirigida por Nelly Richard): una selección de la revista se recogerá en cuatro volúmenes, de los cuales han aparecido tres, publicados por Cuarto Propio. Una de las más notables revistas publicadas en Chile fue Babel, dirigida por Enrique Espinoza y que circuló entre 1939 y 1951: una selección de artículos de importancia en ella ha sido publicada por LOM en tres volúmenes, comprendiendo desde la literatura a la política.Como señalaba Ozick, a veces las "contracorrientes" no lo son tanto y algunas revistas que parecen contraculturales o anarquistas, se publican con "el patrocinio del Fondo del Libro". En todo caso, tanto en Chile como en otras partes, es de agradecer la existencia de publicaciones en que se escriba con un pie en la torre de marfil y otro en la esfera pública, o más bien, hagan una reflexión más calmada e informada frente a la inmediatez del diario y una crítica aligerada de los lastres de la erudición académica.

FUENTE: Revista de libros de "El Mercurio", Domingo 27 de Diciembre de 2009

jueves, 4 de marzo de 2010

LA MUJER TOTAL/ SERGIO SARMIENTO


Llegué a casa y descubrí, con cierto asombro, que mi mujer se había esfumado. Tres años de concubinato se deshacían como una casata de lúcuma en un refrigerador descompuesto, como un enfermo de pulmonía en el tórax de una tumba. No hay duda, pensé, la vida es una cajita sorpresa. Un sorteo donde tarde o temprano todo el mundo resulta ganador de flamantes boletos a la soledad, algunas veces ida y vuelta, algunas veces sin retorno. Entré al dormitorio. Eran las tres de la tarde de un día de otoño y las cortinas, cerradas, destilaban grises los rayos del sol. Abrí bien los ojos: la cama estaba en orden y en el muro, junto a la reproducción de uno de los extraterrestres de Matta, una araña tigre esperaba su cena. Me distraje observándola durante un rato. No se movía. Tal vez estaba seca. Para averiguarlo, tomé un libro del velador y la aplasté. No, no estaba seca, pues sus diminutas vísceras mancharon el muro. Luego, apesadumbrado por mi propia suerte y por la suerte del insecto, me recosté en la cama y de manera automática encendí el televisor. Vi monitos japoneses, vi perfectos culos adolescentes meneándose junto a una gaseosa-falo gigante, vi a un hombre-tubo-de-pasta-de-dientes rifando viajes a Miami, vi escenas de “El dado mágico”, número perdedor, número perdedor, gritaba mi mente, vi a una mujer que gracias al diezmo logró enderezar su negocio, su familia, su vida, dios bendito, vi a un hombre perfecto besando a una mujer perfecta en una playa perfecta y lloré y me quede dormido.

Desperté pasadas las siete de la tarde. Apagué el televisor, que aún supuraba sana entretención y puse un compilado de Nirvana. Con la enfermiza voz del difunto Cobain de fondo, hice un inventario general. Faltaba una estufita de cuarzo que usábamos durante las noches de invierno, faltaba Andy, su tierno cocodrilo de peluche, faltaba, por supuesto, la caja de zapatos donde guardábamos los ansiolíticos y las tabletas para la migraña; eché de menos, también, una foto de cuando fuimos a la playa de Dichato y creímos que era posible ser felices. Imaginando, todavía, que el asunto no era tan serio, abrí el armario y con desazón constaté que realmente se había ido, no se trataba de una jugarreta, pues la mitad del mueble estaba vacío. Y ni siquiera había dejado una nota explicativa. Salí de la habitación, fui al comedor y me senté en la solitaria mesa, descubriendo que también se había llevado el florero -receptáculo de cuentas, cortaúñas, cintas adhesivas, hilo de coser y otros objetos inútiles-, el reloj mural y una figurita de porcelana china que usábamos como cenicero. Encendí un cigarrillo y echando las cenizas en la misma caja de fósforos que me proveyó de fuego, pensé exhaustivamente en las causas de su partida.

No había que ir muy lejos. El día anterior habíamos discutido. Le había dicho, como tantas otras veces, que se fuera, que me dejase tranquilo, que estaba aburrido de su estulticia, nunca entiendes nada de nada, tienes el cerebro relleno con espárragos. Ella me trató de inútil. ¿Inútil? Hace unos cuantos meses había ganado, al fin, mi primer concurso literario, premio Mandrágora 2002, con el poemario: “La sombra artificial”. Yo, el inútil, el parásito, como también me llamaba, era el máximo exponente del surrealismo en Chile. ¡Y ella no lo valoraba! Todo porque el premio, el estímulo económico, fue bastante exiguo. El equivalente, digamos, a un sueldo mínimo. ¿Y qué más podía pedir? Escasean los surrealistas, algunos críticos opinan que el movimiento ya está muerto, superado por la historia, por lo cual el galardón sería absurdo, decadente, extemporáneo. Agregan, además, que en Chile nunca hubo surrealismo. ¿Y Braulio Arenas? ¿Y Jorge Cáceres? ¿Y Enrique Gómez Correa? ¿Y Ludwig Zeller? ¿Y la revista Derrame, que aún circula con sus bellas hojas mal impresas? ¿Y Roberto Matta? ¿Y Raúl Ruiz? Lo cierto es que si existe un premio Mandrágora es porque aún hay surrealistas en Chile. Claro, el movimiento no es masivo, el verdadero arte nunca lo es, pero yo estoy absolutamente seguro que, de manera subterránea, como siempre debió haber sido, el surrealismo no ha muerto. Hay revistas, hay libros, hay lectores repartidos por todo el mundo.
Fui hasta la cocina y apagué el cigarrillo en el lavaplatos. Luego, puse a Cobain en mute. No necesitaba más angustia. Y menos gringa. Pensé llamar a algún amigo, pero mi celular no tenía saldo suficiente. Volví al comedor. Y traté de imaginar algún verso. Se supone que la depresión estimula la creatividad. Me resultó imposible. Paralizado, sentí sólo una secreción salobre circulando por mi garganta. Estaba perdido. Todo por la poesía, oficio mayor que Angélica, mi mujer, no valoraba. Al principio, cuando éramos hermosos y aún la vida no nos deformaba por completo, sí lo hacía. Nos enamoramos, debo señalarlo, gracias a unos versos de Breton que ella confundió con una canción de Camilo Cesto, cosa que en su momento fue graciosa, casi un acto de surrealismo sudaca, y que luego, ante lo obtuso de su sensibilidad, se volvió insoportable. En ese tiempo hablaba bien de mí en su trabajo: es escritor, es poeta. Y sus colegas de la peluquería, un montón de subproductos del glamour, gallinitas que hedían a despecho y perfume barato, preguntaban: ¿Y qué estudió? Nada, aprendió solo, aunque después ha participado en varios talleres literarios. ¿Y trabaja? Sí, trabaja escribiendo todo el día frente al computador, es un hombre inteligente, ha leído más de mil libros, eso creo yo, y será un gran poeta, reconocido, famoso, como Pablo Neruda o ese que es pariente de la Violeta Parra, un viejito medio loco, cómo se llama, ah, Vicente, Vicente Parra. Luego, seguía sumando elogios: no tiene malas costumbres, se droga sólo con marihuana, para subir el ánimo a veces toma fluoxetina, pero poco, no es borracho, nunca me ha pegado, es bien casero y súper cariñoso. Angélica estaba orgullosa de mí, qué duda cabe. Mas yo no de ella, una mujer atractiva, con buenos sentimientos, empeñosa, pero incapaz de visualizar un poema de Artaud, de Jean Arp o incluso del meloso Paul Eluard. Una simplona, en pocas palabras.
Con el paso del tiempo, miserias de la vida cotidiana lanzando sus flechas sobre nuestra mínima existencia, Angélica comenzó a sugerir, ocasionalmente al comienzo, de manera constante después, que buscase un trabajo estable. Utilizaba tal expresión a fin de no herir mi dignidad de autor, pues así escribir poesía, mi vigorosa poesía del inconsciente, mi maquinita automática de belleza, tenía estatus de trabajo, aunque poco práctico, dada su incapacidad para atraer dinero en forma regular e incluso irregular. Piénsalo un poco, clamaba. Ante estas presiones, a mi juicio bastante histéricas, yo respondía preguntándole, preguntándome, si realmente era necesario que me convirtiese en un lacayo mal pagado, fotocopista en Estación Central, vendedor de abarrotes en La Vega, cajero en alguna carnicería del barrio Franklin, recolector de basura en Huechuraba, si al fin y al cabo nuestras necesidades básicas estaban cubiertas. Creí que tenías las cosas claras, continuaba. Yo aporto con la casa, que es pequeña y pobre, que cruje y recibe baratas por las noches, lo sé, pero está pagada. Cero arriendo, cero dividendo, cero inestabilidad. Todo gracias al esfuerzo de mi difunta madre, mujer santa que ahora, tras mantener toda su vida a su hijo artista, a su querubín del inconsciente, vive gozosa en el centro del cosmos, haciendo aseo junto al santísimo corazón de jesús, como siempre le gustó. Ese es mi aporte. El tuyo es el sueldo que recibes en el salón de belleza, dinero que nos permite cubrir todos los gastos del hogar. ¿Es eso tan difícil de entender? No, respondía. Y su rostro simple se volvía amarillo, se le caían los párpados y sus ojos se llenaban de una sustancia parecida a las lágrimas. Entonces, para asegurar la victoria, libertad versus domesticidad, le asestaba el golpe final. ¿Quién riega las plantas? ¿Quién se encarga de los trámites en el centro? ¿Quién arregla el techo cuando hay goteras? Yo, por cierto. Tú sólo debes ordenar las camas, asear un poco la casa y lavar la ropa. Te aconsejo que no te dejes llevar por los comentarios de tus amigas, son un grupo de perdedoras que te quieren confundir. En ese momento, por lo general, ocurría la reconciliación. Cada vez más aburrida, cada vez con orgasmos de menor amperaje. Y a la semana, a veces incluso al día siguiente o, en ocasiones, apenas producida la nocturna liberación de esperma y rabia contenida, otra vez comenzaba el ciclo perverso.
A veces señalaba, los ojos tornasolados de esperanza, que si yo trabajase podríamos pedir un crédito con renta familiar en Latitud Sur, el banco a su medida, y comprar un cacharrito y viajar a la playa los fines de semana. A ti te gustan el mar, las gaviotas y los barcos. Claro, sería magnífico, le respondía. Otras veces, se volvía más pragmática y soñaba con un nuevo refrigerador, uno grande, uno de esos que hacen cubitos en forma automática. Claro, sería magnífico, le respondía. En momentos extremos soñaba con otra casa. No es que el barrio no me guste, decía, la gente es súper buena onda aquí en la población, pero me encantaría vivir en una construcción sólida, no de madera. Una casita nueva con todos sus artefactos impecables: el lavaplatos, los sanitarios, las llaves del agua, todos brillando como en los comerciales de clorox. Claro, sería magnífico, le respondía. Otras veces se le ocurría pensar en nuestra ancianidad. Sería bueno que nos inscribiésemos en una administradora de seguros y todos los meses pagásemos la planilla, así, cuando seamos viejitos tendremos un sueldo mensual. Claro, sería magnífico, le respondía. Poco a poco, el asunto se hizo insoportable. Y tuve que decirle lo que pensaba: eres una idiota materialista, una aspirante a burguesa con escasa actividad cerebral, un producto de las teleseries y el cacareo de los ministros de educación. Al principio lloraba encerrada en la cocina, luego comenzó a insultarme. Me trataba de cafiche, de mal escritor, de fracasado. Y la vida se nos hizo insoportable.
Abrí la ventana que daba a la calle. Un viento tibio se lanzó en picada sobre la caravana de angustias que atravesaba mi cabeza. Necesitaba un cogollito. Entonces, desesperado, fui hasta la cocina y busqué, en el último cajón del mueble, espacio habitado por platos, tazas y fuentes, una cajita de auténtico “Té Imperial”, objeto de cartón donde Angélica guardaba su dinero, nuestro dinero. Abrí la caja y encontré un miserable billete de $ 5.000. La perra se había llevado todo lo demás. En fin, alcanzaría para prensado paraguayo y la comida de mañana. El resto, ya se vería. Salí y me encaminé hacia Avenida Recoleta. El crepúsculo, vicio de escritores mediocres, volcaba zumo de naranjas sobre los techos de las viejas viviendas. En las puertas de algunas casas, mujeres con delantales floridos miraban de izquierda a derecha o al revés, como esperando que por fin algo o alguien apareciera por alguna esquina, desde el cielo, incluso desde las alcantarillas, para decirles que todo estaba bien, que tendrían vida eterna, detergente en abundancia y una vejez tranquila, con pequeños perritos de raza jugueteando con sus nietos, en un ambiente libre del flagelo de la droga y la delincuencia. Pasaba mucha gente a esa hora: desesperados, lunáticos, esposos fieles e infieles, evangélicos, trabajadores, parejas de enamorados y hasta un circo en tránsito hacia algún descampado. La mujer elástico, eso pensé al ver el circo. La mujer elástico y sus piernas infinitas, flexibles, como dos boas revestidas de seda y medias de nylon. La mujer elástico y su vagina que podía curvarse de mil formas
Llegué hasta una feble casa de madera, llamé en voz alta y tras un rápido movimiento de cortinas, apareció la señora Violeta, mi proveedora. Sin hablar, le extendí el billete. La mujer miró el papel moneda a contraluz y luego articuló la palabra cuánto. Uno, solicité. Enseguida fue hasta la ventana, dio un par de instrucciones a alguien que no pude ver y rápidamente volvió, entregándome un pequeño paquete envuelto con hojas de la guía telefónica y el cambio: cuatro billetes de $ 1.000. Con la mercancía en mi poder, fui hasta una placita con árboles flacos y pasto reseco, un área verde, como señalan los planos municipales, y me senté sobre un banco de cemento. Allí, en soledad, lié un pito. El sol se había escondido cuando arrimé fuego al diminuto catalejo de papel. Mientras fumaba, desdoblé el envoltorio de la yerba y examiné lo que allí estaba impreso. El azar se comunica con nosotros de diversas maneras. Y es necesario estar atentos. El papel contenía un anuncio de “Nubesol”, productora de eventos infantiles que ofertaba payasos, magos y títeres. La señal era prístina: debía mirar la vida como el niño que fui, quitarme el barniz de la adultez y sumergirme en la inocencia. Volver a nombrar, volver a dar significado, borrar el disco duro y enfrentarme a un mundo nuevo. Hice el ejercicio. Y, por supuesto, no resultó. Seguía viendo todo igual que siempre. La misma plaza reseca, la misma miseria. Luego, alcé la vista hacia el cielo, eres un bufón, me dijo el cielo, y nuevamente me dediqué a pensar en mi situación. Hasta cierto punto estaba arrepentido, para qué negarlo. No porque amase o no a Angélica, eso daba lo mismo, sino porque el futuro se anunciaba como un período de sequedad absoluta. Entonces imaginé que iba a la peluquería y hablaba con ella. En realidad no pienso que seas idiota, todo lo contrario, eres un supercerebro, una incomparable artista de la cabeza humana. Cuando tiñes el cabello haces arte. Haces arte, también, cuando peinas, cuando rizas y cuando cortas. Eres una reencarnación de Leonora Carrington, artista de la tijera que ha llegado a este planeta para dar toques de oniria a melenas, pelambres, cabelleras y pelucas, mujer total, mujer mundo, mujer cosmos, hija secreta de Bretón. Entonces me reí. No, Angélica era necia y no había más que hacer. El problema era otro: el dinero. Cómo cresta sobreviviría.
Consumida la yerba, encendí un cigarrillo. La noche se había abalanzado sobre Santiago y revoloteando ante los focos del alumbrado público cientos de polillas buscaban lo mismo que yo: un poco de luz. Más allá, sobre la vereda, dos escolares tomados de las manos se besaban y se miraban a los ojos. Ellos y las polillas, a diferencia mía, sí tenían acceso a partículas de luz. Con tristeza recordé mis buenos tiempos con Angélica. ¿Qué había pasado para que ahora, siendo los mismos, fuésemos extraños? ¿En qué momento quedamos a oscuras, incapaces de reconocernos, de excitarnos, de maravillarnos? No había respuesta. Los escolares se marcharon. En el camino, se cruzaron con una mujer joven que llevaba su bebé en brazos. Presurosa, la novel madre pasó bajo el foco sin ver las polillas, ángeles que revoloteaban sobre su cabeza. Y se perdió en las sombras. Saltó a mi mente, en ese instante, la imagen de una noche monstruosa. Estábamos sobre la cama, desnudos, luego de un coito más o menos digno. Angélica se acercó y me acarició el cabello. Yo vi el suyo, rubio falso, cascada de pasto seco cayendo sobre sus hombros blancos. Quiero ser madre, dijo con solemnidad. Yo me largué a reír. Para qué, dije, si ya hay demasiada gente en el mundo y nadie parece estar bien. Además, habría que mantenerlo, habría que gastar más de lo necesario y tu sueldo, nuestro sueldo, no da para tanto. Ese, sin duda, fue el comienzo del desastre. Luego, comenzó a llegar tarde. Se iba de fiesta con sus amigas, las toscas estilistas. Fue una cervecita, no más, decía al llegar a casa, casi siempre después de medianoche. Alguien que no trabaja, alguien que no quiere ser padre, ¿eso es un hombre?, lanzaba con su agresividad de persona vulgar media borracha. No entendía nada de nada. Cuando gané el premio, ceremonia a la que no la invité, no quería pasar vergüenza ante gente tan sensible, hubo un arreglo temporal, dos o tres meses, quizá, hasta que se acabó el dinero y todo volvió a su espesa normalidad.
Regresé a casa tras fumar la yerba. En el camino, las mujeres con delantales floridos se habían esfumado. Con seguridad, ahora tomaban oncecita junto a sus vástagos, mirando hipnotizados las teleseries, donde quizá haga apariciones esporádicas ese alguien que esperan, ese que les indica que todo está bien, que tendrán vida eterna, detergente en abundancia y una tumba colmada de flores. Más allá, al doblar una esquina, divisé a un tipo pintando un muro con spray. Al verme, desapareció. “Yuyos libres”, decía el rayado. Buena idea, pensé. Alguien tiene que ocuparse de la maleza, alguien tiene que ocuparse de nosotros. Cuando llegué a casa me tiré en la cama y escribí, de un tirón, un poema que hablaba de la floración de una silla mecedora en una tapicería de Recoleta, silla arbusto donde haría el amor con Angélica, otra Angélica, eyaculando savia y metáforas. Después, me dije que era un estúpido. Las peluqueras no son artistas como señalan sus anuncios de neón, son simples y vulgares comerciantes, preocupadas por satisfacer los clamores del esófago, incapaces de comprender al poeta, al chamán de la tribu, al espíritu llamado a mostrar las desproporciones y las desafiliaciones del mundo, a abrir el horizonte con un abrelatas, a inflamar la conciencia pública y las almas de sus hermanos. No, ellas huyen cuando comprueban que el papel moneda se hace escaso, cuando ven en riesgo su posibilidad de manipular mamaderas, pañales y tiernos cerebros, cuando en el horizonte no se avizora un lavaplatos refulgente. Y la poesía, se sabe, muchas veces debe ser impresa en papel barato, papel para envolver trozos de zapallo, pues no es un negocio como el amor. No, no existe la mujer total, no existe la musa, a menos que sea trazada sobre un papel. Encendí otro pito. Encendí el televisor. Y allí me quedé, pensando cuánto tiempo es posible sobrevivir con $ 4.000.

Publicado en Revista: "Esperpentia" n 6.